SIMONA DUQUE DE ALZATE

1773 – 1858
Heroína Colombiana. Ejemplar en el desprendimiento y en el amor a la Patria. Entregó a sus 7 hijos para que sirvieran a la causa de la
emancipación. Máximo exponente de la Mujer Marinilla.

Duque de Alzate Simona

Por: Amanda Gómez Gómez

Esta máxima heroína Marinilla, nace el 29 de marzo de 1773. Hija (se ha dicho) de Andrés Duque y Ana María Rincón. A los 14 años contrae matrimonio con José Antonio Alzate – de su misma tierra nativa – y tiene 8 hijos:  Antonio María, Manuel, Andrés, Francisco, José María, María Antonia, Juan Nepomuceno y Salvador. A los 14 años de su unión conyugal queda viuda, teniendo apenas 28 cumplidos. Muere en Marinilla a los 85 años de edad, el día 17 de enero de 1858. El gran acto heroico de su vida, que la sublimiza en los anales de la patria, lo hace a los 46 años. Su narración deberíamos de grabarla en caracteres de oro puesto que es un hecho verdaderamente grandioso, brillante y magnánimo:

Cuando los españoles se esforzaban por la reconquista del poder (perdido éste mediante la revolución del 20 de Julio de 1810 en Santafé de Bogotá y la posterior Batalla de Boyacá, el 7 de agosto de 1819), se hace presente el Coronel José María Córdoba en las Ciudades de Marinilla y Rionegro, con miras al reclutamiento voluntario del personal para continuar la defensa de Antioquia y de Colombia toda. Esto sucede   en 1819, a los pocos días de que en Marinilla – con audaces estrategias – hiciesen huir de la plaza principal al Comandante Mauricio Villalobos, quien hostigaba a la ciudadanía por órdenes de Tolrá.

En el mes de octubre de 1819, en el cuartel del gallardo militar José María Córdoba, tocan a su entrada. El Edecán Niño abre las puertas y se encuentra sorpresivamente con una mujer de 46 años, quien trae un lucido cortejo de cinco vigorosos jóvenes vestidos de viajeros. Niño dice al coronel: -Una mujer se encuentra allí y desea hablarle.

Córdoba entabla diálogo con la dama y comprende cuán grande es el patriotismo de su interlocutora.

– ¿En qué puedo servirle, señora?

Vengo Señor, a traerle mis joyas para contribuir a salvar a la Patria.

– Doy a usted las gracias en nombre de la República y acepto su generosa oferta, porque como sabrá usted, aún quedan enemigos en el territorio y es preciso exterminarlos.

– Y qué será, señora, ¿su ofrenda, tan espontánea y oportuna?

– Son cinco de mis hijos. Y como al punto los llamó, se presentaron aquellos jóvenes, altos, robustos, bien constituidos, morenos y de arrogante figura.

El futuro vencedor en Chorros Blancos se sorprendió al ver semejante desprendimiento.

¿Señora, a quién deja usted para que la atienda en su subsistencia?

– Todavía sé y puedo trabajar, contestó ella.

Al punto fueron enrolados en las filas libertadoras y a lo largo de las campañas que vinieron fueron dóciles a sus jefes, estrictos en el cumplimiento de sus deberes, llenos de valor.

Algunos jamás volvieron y los otros llegaron inválidos, pero con la satisfacción grande de haber servido a la libertad. (Ramón Correa).

Simona Duque dejó de presentar a Córdoba a dos de sus hijos, por fuerza mayor, pues sabemos que uno de ellos, José María, se encontraba en cama y al mejorar, voló a encontrarse con sus hermanos ya en filas.

De los siente varones que siguieron a Córdoba en sus campañas, vale decir todos los hijos de la heroína, Francisco sufrió heridas en la columna vertebral – en el Combate de Ovejas – y quedó tullido por 35 años; a otro, Antonio, le quedó inútil una de sus manos, por heridas que recibió en el Combate de Tenerife; Manuel murió en 1821 en la toma de Cartagena por Montilla; muere Andrés en su ancianidad, tullido y ciego.

Tenemos, así, que los Hermanos Alzate, herederos del heroico patriotismo de su madre, lucharon todos por nuestra Independencia. Ella los había cedido a la Patria desde el año 1813, cuando Andrés, Francisco y Salvador (éste último con solo 12 años) se enrolaron en las filas de Gutiérrez de Caviedes, “El Fogoso”, en Marinilla e hicieron la campaña del Sur, al lado de Nariño. Sus nombres, el de todos, se encuentran grabados en la columna de la Plazuela de los Mártires, frente a la capilla de Jesús, en la ciudad de su cuna.

Después de la entrega de sus hijos, la Heroína siguió viviendo sola en su casa de habitación (situada en la antigua salida para El Peñol), pues su hija María Antonia estaba ya casada.

El General Santander – a solicitud de Córdoba – le otorgó una pensión a nombre del Estado. Pero ella le envió la siguiente respuesta: “Jamás aceptaré esa recompensa mientras pueda trabajar y valerme por mí misma. Así, pues, sin dejar de agradecer esta dádiva, la renuncio para que no haga falta esa suma a la República, en tanto que no se halle completamente libre. Dios guarde muchos años a V. excelencia. – Marinilla, febrero 19 de 1920”.

Sólo ya en unos años últimos aceptó nuestra Heroína la dádiva que le habían señalado por su increíble desprendimiento en defensa de la Patria.