RAFAEL GIRALDO Y VIANA

1859 – 1903
Escritor galano y castizo. Militar Pundonoroso. Gobernante ecuánime.

Por: Carlos E. Restrepo
(De “Cera y Diamante” – Junio de 1903 – Apartes)

Rafael Giraldo y Viana nació en Marinilla el 7 de mayo de 1859 y murió en Bogotá el 24 de abril de 1903. Entre estas dos fechas se encuentra una vida dulce, delicada; tanto, que el escritor teme profanarla al referirse a ella, como se teme empañar, si se toca, la brillantez y tersura de la seda blanca; pero al mismo tiempo se encuadra una vida fuerte, enérgica, que desafía aún al hierro quemante de la calumnia. Giraldo y Viana tenía contextura de acero cubierta de armiño.

Y entre esa contextura, un corazón formado de igual maravilloso modo: de cera para el sentimiento, de diamante para la resistencia. (…).

Con lo diamantino del corazón resistía Giraldo y Viana con serenidad de héroe y de mártir, que recibió por atavismo, todo cuanto su alma de hombre honrado y de cristiano, debía resistirse: la fuerza de la sangre, la adversidad, la fascinación de los abismos y el vértigo de las alturas.

Era una voluntad, pero una voluntad sin construcciones: la ejercitaba con fácil sencillez, porque así debía ser, no importándole poco ni mucho el efecto producido.

(…) ya casado, regentaba la escuela primaria de San Pedro, después de 1876. El partido vencedor, exaltado con los recientes triunfos y ávido de ensayar ideas nuevas, no quería que las escuelas fueran dirigidas por personas como Giraldo y Viana, vencido y del credo añejo. Se le notificó que había opositores a la escuela, con título de Normal, que él no poseía; robó entonces muchas horas al sueño y en poco tiempo se preparó con suficiencia, se presentó a examen y obligó a sus contrarios a extenderle título de Maestro graduado. Volvió a la escuela y vencedor en el ataque, se retiró prontamente. (…).

Dieciséis años ha, cuando Giraldo y Viana era casi un adolescente, publiqué su miniatura. Hombre maduro a su muerte, merece que de él se diga lo mismo. Tan poco así lo afectaron las cosas y los hombres; el todo del tiempo no empañó el candor de su alma. Hela aquí:

Figura curiosa en este Rafael Giraldo y Viana; tiene rostro de Cristo sin padecer; las muchachas lo quieren y se arriman, porque aunque es un buen mozo, no inspira tentaciones: es un armiño.

Heredó de su padre las aficiones militares (…). Gusta imaginarse erguido entre nubes de balas y adormecido con el tronar de los cañones. Y se lo creo. (…). (El Casino Literario, 1887).

Ahora que ha muerto, su familia debe lamentarlo, y es lamento con el estremecimiento de las ruinas domésticas totales. Giraldo y Viana la multiplicó sin contarla, encomendado a su fe robusta los problemas de una prole numerosa; y a ésta pura y gentil, le transmitió esa fe que ha de salvarla del cataclismo en que fue abismada.

Colombia debe lamentarlo; en esa bancarrota de hombre y avería de voluntades que atravesamos, menos visible pero más profunda que la bancarrota fiscal y la avería financiera, una voluntad y un hombre como Giraldo y Viana hacen falta indecible.

Por él debemos lamentar su muerte.

En los grandes naufragios, cuando rotos, hélice y casco, estalladas las calderas y la pérdida de todos los tripulantes es irremediable, serán de lamentar los que mueren primero.

(Hasta aquí, el Dr. Carlos E. Restrepo).

A lo anterior, se agrega lo que informa el Dr. Alfonso García Isaza, en sus apuntes para la historia del Colegio de San José:

Hijo del primer Rector del Colegio, Dr. y General Rafael María Giraldo Zuluaga y de doña María Josefa Viana. Alumno distinguido de dicho instituto durante el rectorado del Dr. Montoya, lució entre los mejores por su viva inteligencia, piedad, discreción.

Fue un militar valerosísimo. El 30 de Junio de 1885, en el combate de Rionegro fue uno de los que lucharon en una casa sin rendirse, hasta quemar el último cartucho. Fue ilustre escritor y hombre público distinguido; Gobernador y Jefe Civil Militar en Antioquia durante algún tiempo, en la guerra de los mil días; Jefe de la División “Giraldo”; Secretario de Hacienda y Fomento en la Gobernación de D. Baltasar Botero Uribe. (…). Era de una gran piedad y la comunión la hacía diariamente. (…).