PBRO. MATEO DE JESUS TORO LONDOÑO

1862 — 1939

Pastor y protector de la ciudad durante 40 años.

Por: Gonzalo Salazar Arbeláez

Hijo de D. lldefonso y doña Raimunda, nació en Abejorral el 20 de mayo de 1862 y murió en Marinilla el 23 de Junio de 1939.

Desde muy niño pasó con sus padres a vivir en Aranzazu, donde hizo sus estudios de primaria; luego realizó algunos otros en la escuela nocturna del Padre Eliseo Gómez, Párroco de aquella población, cuando tenía 17 años de edad; vino después al Colegio de San José de Marinilla y de aquí pasó al Seminario Conciliar de Medellín.

Ordenado Sacerdote por el Excmo. Sr. Bernardo Herrera Restrepo el 24 de septiembre de 1892, cantó su primera Misa en Aranzazu el 8 de diciembre del mismo año e inició su labor apostólica como Cura Párroco de Filadelfia, Neira y Pácora.

Desempeñó los cargos de Notario de la Venerable Curia de Medellín y de profesor en el Seminario Conciliar de esa Ciudad.

En 1897 fue nombrado Cura de Marinilla, cargo que desempeñó hasta 1934. De extraordinario ha sido considerado el Curato del «Padre Torito», imborrable su memoria y magníficos sus beneficios: defensor de la moralidad, gran expositor de la doctrina, padre de los huérfanos, auxilio de las viudas, consuelo de afligidos; su casa cural era como una casa del estudiante, por el albergue que dio en ella a un grupo de jóvenes que más tarde llegaron a ser notables profesionales.

Su amor por la educación se puede concretar en 15 escuelas rurales organizadas por él; en la enseñanza gratuita que impartió en los colegios y por la Rectoría ad—honorem qué por un tiempo ejerció en el colegio de San José.

Entre el conjunto de obras realizadas por el padre Toro tenemos la adecuación de la vieja Casa Cural, las reformas hechas en el Templo Parroquial, la iniciación del barrio Las Mercedes, las mejoras en las escuelas urbanas.

En 1934 se fue de Marinilla y se radicó en Girardota, de donde regresó a nuestra Ciudad en 1935, en la que permaneció hasta su muerte.

Apoteosis de cariño y gratitud constituyeron sus honras fúnebres. Con permiso de la Santa Sede su cadáver fue sepultado en la iglesia parroquial, donde todavía reposan sus venerables restos.

Quiso Marinilla perpetuar la memoria de aquel ilustre y ejemplar Cura Párroco, erigiéndole una estatua en bronce en el parque de la plaza principal y frente a su templo.

Durante el Curato del «Padre Torito», Marinilla vivió años de esplendor y desarrollo integral, hasta el punto de haber hecho época en la ya larga historia de su existencia.