MONSEÑOR VALERIO ANTONIO JIMENEZ HOYOS

1806 – 1891

Primer Obispo de Medellín y notable hombre de Antioquia

Por: Fernando Ossa Arbeláez

Título de “Ciudad Levítica”, aparte de otros muchos, ha merecido la Villa del Señor San José de Marinilla, por la pléyade de hombres que, nacidos aquí, han dedicado sus vidas al servicio de Dios y de los hombres en el sacerdocio de Cristo. Uno de ellos, cuya fecunda existencia llena una época, bien extensa por cierto, de la Iglesia y de la Patria, fue el ilustrísimo Sr. Valerio Antonio Jiménez Hoyos.

Nació el esclarecido marinillo el 29 de enero de 1806 en el hogar de Alejo Jiménez y María de la Luz Hoyos. Sus primeros estudios los realizó en la escuela pública y luego con D. Juan Nepomuceno Betancourt y D. José María Benítez, ante la ausencia, en el lugar, de establecimientos de educación diferentes a la escuela. Posteriormente y dada su especial inteligencia y decisión por el estudio, aprendió Teología y Cánones con el Pbro. Isidro Gómez, uno de los precursores del Colegio de San José.

Por su acendrada virtud y la educación recibida en su patria chica, fue promovido al sacerdocio y recibió la unción el día 8 de febrero de 1829, de manos del Obispo de Antioquia Fray Mariano Garnica y Dorjuela, en la ciudad de Rionegro. Sirvió su oficio sacerdotal en Abejorral, San Vicente y Cocorná.

Al morir el Cura Prócer Jorge Ramón de Posada y Mauriz, en 1835, fue designado para reemplazarlo. Durante 30 años se dedicó a Marinilla con denuedo y asiduidad, con gran celo por la educación y por la pastoral.

Fue uno de los impulsadores de la fundación del Colegio de San José en 1838, pues con su aliento el Pbro. Miguel Giraldo le dio la vida al que hoy es la gloria educativa de Marinilla. Además, cuando el Pbro. Vicente Arbeláez pudiera desempeñar la Parroquia sin abandonar la Rectoría, ante la extrema pobreza que amenazaba la casa de educación y comprometía su supervivencia.

En la época de la persecución religiosa de Mosquera fue designado Vicario General de la Diócesis de Antioquia por el Ilmo. Sr. Domingo Antonio Riaño; y cuando éste hubo de marchar al desierto en 1863, se encargó Jiménez del Gobierno Diocesano por haber sido fiel a su Prelado y no haberse sometido a los gobernantes civiles. Desde las montañas de Cocorná dirigió, con el ingente sacrificio que ello representaba, a sus sacerdotes y a su grey.

A la muerte del Obispo Riaño en 1866, fue designado Vicario Capitular de la Diócesis, lo que implicaba el gobierno de la misma; y en el mes de marzo de 1868 fue preconizado como Obispo de Medellín y Antioquia, siendo entonces el primero de esta nueva Diócesis. Su consagración episcopal la recibió de su amigo y paisano el Ilmo. Sr. Vicente Arbeláez, en Bogotá, el 29 de Junio de 1868 y desde aquella ciudad dirigió a sus feligreses la primera carta Pastoral. Tomó como lema de su escudo el de “Domine, quid me vis facere?”- Señor, qué quieres que yo haga?, con lo que significó si vida íntegra y su asiduidad al servicio de los demás. Como primer Obispo de Medellín y Antioquia fundó el Seminario Conciliar conforme a las normas del Concilio de Trento, en 1868. Convocó el Primer Sínodo Diocesano que se reunió en 1871 y cuyas reglas gobernaron la Circunscripción Eclesiástica por espacio de 79 años. Inició, en su mandato episcopal, la construcción de la que hoy es Basílica Metropolitana de Medellín.

Por razón de su edad avanzada y de sus quebrantos de salud renunció al Obispado y el Papa Pío IX le aceptó la dimisión el 16 de enero de 1873, con términos altamente elogiosos. Le sucedió el Ilmo. Sr. José Joaquín Isaza, a quien hubo de reemplazar como Vicario Capitular a su fallecimiento y hasta la posesión del nuevo obispo Ilmo. Sr. José Ignacio Montoya. A la muerte de este último fue nuevamente designado Vicario Capitular y ejerció el gobierno de la Diócesis desde su querida Marinilla. En razón de la circunstancia de haber sido, en varias ocasiones, Vicario Capitular, fue llamado “Sucesor de sucesores”.

Se le conoció como experto jurisconsulto, no obstante su preparación eminentemente eclesiástica y en tal carácter descolló en la Legislatura de la Provincia de Antioquia, a la cual asistió repetidamente en representación de Marinilla. Cuando se le hacía un homenaje en esta Ciudad para congratularlo por el éxito del Sínodo Diocesano, el famosos escritor y político Antonio José Restrepo “Ñito”, que se hallaba de paso en la Ciudad, se ofreció para ser el orador en la plaza, e hizo un alto elogio de Jiménez como jurisconsulto. De su sapiencia de fe, también, su participación en el Concilio Provincial Neogranadino, celebrado una vez preconizado Obispo.

Fundó en Marinilla la Casa de Beneficencia, conocida hoy como Hogar Nazareth, para el Albergue de Niñas Huérfanas. En la célebre Batalla de Cascajo – se cuenta – tuvo que ver en el triunfo de las huestes restauradoras, puesto que ideó, como estratagema, un desfile con las señoras de la población por la pequeña colina de “Tinajas” y ello sirvió para desconcertar a las fuerzas enemigas que creyeron que venían ya los refuerzos desde el Magdalena para atender a la batalla, al mando del General Joaquín María Córdoba. Ello ocurrió el 4 de enero de 1864 y fue ocasión – la victoria alcanzada – para que se instaurara en el Estado de Antioquia el gobierno del Dr. Pedro Justo Berrío.

Repentinamente murió el Obispo Jiménez en Marinilla el 6 de diciembre de 1891 y fue sepultado en la iglesia parroquial el día 7. Iba a cumplir 86 años.