MONSEÑOR JOAQUIN GUILLERMO GONZALEZ GUTIERREZ

1823 – 1888
Pastor intrépido, abnegado y desprendido. Orador elocuente

Por: Gildardo Castaño Duque.

Nació en la vereda de “Chocho” en Marinilla, el 25 de Junio de 1823, en el hogar de D. José y doña Ana María. Fue bautizado el 29 del mismo mes en la iglesia parroquial de esta Ciudad por el Pbro. Dr. Gabriel María Gómez.

Después de hacer la secundaria en el Colegio de San José de Marinilla, ingresó al Seminario con la valiosa ayuda del Ilmo. Sr. Gómez Plata. Así logró graduarse con la orden del Presbiterado el 18 de octubre de 1846. Desde entonces empezó una brillante carrera de servicios a la iglesia, siendo su principal centro de actividades el Curato de Santa Rosa. Su abnegación sin límites le mereció el nombramiento de Obispo que le hizo su Santidad el Papa Pío IX, al ser restablecida la Silla Episcopal de Santa Fe de Antioquia. Su consagración se llevó a cabo el 21 de septiembre de 1873 en la Catedral de Medellín.

A raíz de la guerra desatada en 1876, los Obispos Montoya y González, prelados de Medellín y de Antioquia, difundieron documentos suyos en los que aconsejaban la defensa de la Fe y de la Religión a toda costa. Ello les acarreó el ser considerados como “enemigos del Estado”, por lo que, un año después, el Congreso de 1877 expidió algunas leyes contra la Iglesia y, entre ellas, una que condenaba al exilio por diez años a los señores Bermúdez, Restrepo, González y Montoya, Obispos de Popayán, Pasto, Antioquia y Medellín, respectivamente.

Ese mismo año, antes de que fuera ocupado el Estado de Antioquia por las armas liberales, el Obispo González había decidido retirarse de la Ciudad de Antioquia, emprendiendo de tal forma una huida prolongada y fatigosa. Estuvo fugitivo por mucho tiempo en los montes de Liborina, San Andrés y Yarumal. En 1879, cuando arreció la persecución de modo impresionante, se trasladó a la vereda de “Morrogacho” y luego a las vertientes de la Chorrera y Cocorná. En enero de 1880, teniendo en cuenta que el ambiente político estaba tornándose más favorable, el Obispo González envió al Congreso Nacional dos solicitudes, en una de las cuales pedía derogatoria de la Ley de destierro de los cuatro Obispos, la que fue aceptada. Así, pues, pudo el Obispo hacer la que sería su última visita a Santa Rosa, el 31 de diciembre de 1880. Infortunadamente, ésta terminó en un hecho violento y de sangre, iniciado por algunos revoltosos de ideas contrarias, adversos a la Fe y al Presidente Núñez, que miraba con benevolencia la Causa Católica. El Prelado, temeroso por su vida, tuvo que huir precipitadamente.

Cansado, enfermo y débil a causa de la prolongada persecución de que fue víctima, el Ilmo. Sr. González, contra el querer del respetable Clero Antioqueño y contra la voluntad de los fieles de su Diócesis, presentó ante la Santa Sede su renuncia al gobierno del Obispado, siéndole aceptada finalmente en 1882. Se trasladó entonces a la Parroquia de Yarumal, instalándose en las afueras de la Ciudad, en una pequeña finca denominada “Montañita”, donde pasó retirado y en la mayor pobreza sus últimos seis años de existencia, hasta un día triste, el 4 de enero de 1888, en que lo visitó la muerte, encontrándolo silencioso y sin apuros, confiado en la infinita misericordia de Dios.