MONSEÑOR EMILIO BOTERO GONZALEZ

1884 – 1961 Santo Obispo de Pasto.

Por: Bertha Gómez Giraldo

Nació “El Santo Obispo de Pasto”, como fue llamado, en la ciudad de Marinilla el día 12 de marzo de 1884, en el hogar formado por D. Pedro Botero Ramírez y doña Emilia González Hoyos.

Hogar privilegiado, escogido por Dios para entregar a la Sociedad cinco sacerdotes modelos de virtudes y valores espirituales.

 Hizo sus primeros estudios en Marinilla en la escuela de D. Mariano Arbeláez, distinguido educador de la época, luego en el Colegio de San José, regentado entonces por los Hermanos Cristianos. Desde allí empezó como varón santo, prudente y virtuoso, cualidades que lo distinguieron durante su vida.

Fue ordenado sacerdote en el Seminario Conciliar de Medellín el 1o. de noviembre de 1907. Desde la edad de 15 años y cuando apenas cursaba el tercer año, fue nombrado profesor del mismo para varias asignaturas.

Durante su vida sacerdotal desempeñó muchos cargos, todos ellos con la energía, el tino, la prudencia y el celo apostólico que siempre lo caracterizaron: Vicario Cooperador de Santo Domingo (Antioquia) en 1909.

En 1913 ocupó la Rectoría del Colegio de San José de Marinilla, donde implantó severa, pero a la vez dulce disciplina. Se hizo amar de sus alumnos gobernando con el báculo del amor y encauzando a la juventud hacia el estudio, la honestidad y la mejor convivencia.

Fue director espiritual del Seminario de Medellín, en 1915. Vicerrector del mismo, de 1919 a 1925. Capellán de la Catedral de Medellín. Párroco de Santa Bárbara, de 1925 a 1930. Párroco de La Estrella, de 1930 a 1933. Rector del Seminario de Medellín, 1933 a 1945. Canónigo de la Catedral medellinense. Provisor de la Arquidiócesis. Provicario General. Examinador Prosinodal. Vicepresidente del Consejo Arquidiocesano de la Unión Misional del Clero. Consultor de la Liga sacerdotal de San Pablo.

Obispo de la Diócesis de Pasto, fue consagrado como tal el 26 de octubre de 1947. La mejor impresión de su paso por esta Diócesis la dio uno de sus sacerdotes, recogida de todos los conceptos dados por el pueblo de Pasto: “Tiene un porte grave y modesto como el de los patriarcas, una mirada como la de las águilas, una voz sonora y meliflua como de pastor ungido, una faz serena y tranquila como la de los mártires y un aire suave y tierno como el de las madres”.

La trayectoria sacerdotal del “Padre Emilio”, como cariñosamente se le llamó, fue una permanente lección de acendrada piedad, de encantadora sencillez, de pureza sin mácula, de caballerosidad sin tacha, de rectitud probada, de sacrificio heroico y de ejemplar celo apostólico. Se entregó al servicio de los niños, de los jóvenes, de los enfermos, de los ancianos y de los campesinos. Su rostro no se amargó jamás por la cólera, ni sus labios modularon palabras ofensivas. De él se dijo que tenía “aristocracia celestial y halo de santidad”.

El 21 de agosto de 1961 entregó su alma a Dios en la ciudad de Medellín, lugar a donde había llegado enfermo días antes.

Fue sepultado en la iglesia de Marinilla, después de haber permanecido en cámara ardiente en la Catedral Metropolitana a Medellín.

La ciudad de Marinilla guarda sus restos con especial veneración, en el mausoleo que para tal fin se levantó dentro del templo parroquial. Esta ciudad y el Clero antioqueño, que bien le conocieron y admiraron, esperan su pronta beatificación.