MAXIMILIANO GOMEZ JIMENEZ

1887 – 1969
Educador de valía y bondad. Rector del Colegio.

Por: Norberto Gómez Arbeláez

Nació en la Ciudad de Marinilla el 3 de febrero de 1887, en el hogar formado por el Sr. Marco Antonio Gómez Gómez y la señora Mercedes Jiménez Arboleda. Hizo los primeros estudios en su ciudad natal y luego se trasladó a Medellín para continuar los secundarios en el Colegio de San Ignacio, los cuales terminó en 1909 en la Universidad de Antioquia que le confirió el diploma en Filosofía y Letras. Ingresó a la Facultad de Medicina, carrera que pronto abandonó por circunstancias ajenas a su voluntad.

Inició sus labores docentes en el histórico Colegio de San José de Marinilla, bajo la rectoría del padre Emilio Botero González luego dignísimo Obispo de Pasto, en el año 1913 y desde esa fecha hasta el mes diciembre de 1959, prestó allí sus servicios, con dos pequeños intervalos: el primero, de 1914  a 1915 para regentar los Colegios de Bolívar y Jericó y el segundo para servir como maestro oficial en la Escuela Urbana Jorge Ramón De Posada de Marinilla, en 1931.

Catorce Rectores conocieron a D. Maximiliano como profesor de Historia, idiomas extranjeros, matemáticas y español, sin contar las clásicas conferencias sabatinas sobre Urbanidad, Cívica y comportamiento. Todas las cátedras bajo su responsabilidad tenían el sello del conocimiento profundo de la materia que regentaba, de su gran disposición para orientar y dirigir las mismas, alcanzando éxito en todas ellas: consecuencia natural de su ilustración, su pedagogía y la dirección discreta que sabía imprimirles.

Fue un educador de acrisoladas virtudes, gran modestia como hombre de valía, poseedor de una cultura excepcional. Siempre brilló por su honradez en todos los campos y fue probo, ora como profesor ora como Vicerrector por cerca de 20 años, obra como Rector, cargo que desempeñó con lujo de competencia de 1935 a 1938.

En abundantísima la cosecha en tantos años de enseñanza y sus discípulos han espigado 0con gran resonancia en los más diversos campos del saber: Levitas del Señor, médicos, abogados, ingenieros, economistas, odontólogos, educadores, comerciantes etc., dan buena fe de su maestro. Todos guardan por él gran respeto, admiración y gratitud.

Por casi medio siglo de labor intensa, fecunda y abnegada en el campo de la educación supo inculcar en la mente y en el corazón de la juventud los más altos ideales de Religión, Patria y Cultura. Plasmó generaciones enteras y en el alma de sus coterráneos y de la sociedad en general aún persiste su memoria y no se borran sus huellas de maestro insigne.

Fue, además, Concejal y Presidente de la Sociedad de Mejoras Públicas. Murió en Medellín el 26 de diciembre de 1969, a la edad de 83 años.