MAURICIO RAMIREZ GOMEZ

1897—1962

Médico caritativo. Hombre cívico por excelencia, historiador.

Por: Guillermo Duque Gómez

Vio la luz en Marinilla, la Ciudad que siempre llevó en su corazón, el 10 de marzo de 1897, en el hogar de don Eladio y doña Elena.

Fue vástago de una de las familias más notables: D. Eladio, sobrino, por doña María Jesús, del Arzobispo Vicente Arbeláez.

Sus abuelos maternos, el Dr. Jesús María, famoso médico y doña Virginia Zuluaga, dama de Rionegro. Hijo el abuelo de D. Antonio Gómez Arbeláez, prócer de la Independencia y de “Mama Sus» ejemplo de caridad en toda la comarca -; y ella de doña Manuela Morales de Zuluaga, hermana ésta de D. Juan de Dios “alma y nervio de la revolución» que buscó la libertad del Ecuador y ex-novia del ínclito José María Cordoba… De tamaños linajes no podía brotar sino algo bueno.

De la escuela pasó al Colegio de San José, donde supo ganar su bachillerato en 1919. Terminó estudios de Medicina en la Universidad de Antioquia, si bien por causas incógnitas jamás llego a graduarse. Con todo, hizo carne aquel proverbio de que más vale doctor sin título que título sin doctor…

Y fue médico toda la vida, sin hacer distingo entre las horas del día y de la noche, o si la familia del enfermo era blanca o morena, de caudal o mendicante. Se sabe que más de una vez dejó que sus ropas vistieran al desnudo, su pan consolara al hambriento, su menguado bolsillo a quien lo había menester. Médico al estilo de antes, capaz de medirse a lo grave y a lo simple, las marinillas de todos los linajes le tenían “fe ciega “: en pisando el Dr. Mauricio el umbral de las viviendas, como por ensalmo escapaban los achaques. Sabe Dios cuántas generaciones como la mía recibió en la mano este serio y a la vez amable consolador de la humanidad.

El Concejo de Marinilla disfrutó por largos años de su elocuencia, digna de más amplios foros, a los que inexplicablemente nunca llegó. Tal vez los “caciques” le fueron adversos, o él evitó alejarse mucho del amado campanario.

Se refleja en sus libros, de muy castiza pluma, el amor que albergó siempre por su tierra nativa. “La Gloriosa Ciudad de Marinilla “, «Mitras y Cruces de la Estirpe Marinilla», “Historia del Colegio de San José», además de su intrínseco valor documental vienen siendo en el fondo cantos entrañables a su pueblo y a su raza.

Después de los tiempos, ya cerca de su tarde, resolvió poner botica. Y le dio el evangélico nombre de “Farmacia Samaritana», el qué más cuadraba con su amor y con su entrega.

Quienes tuvimos la fortuna de haberlo conocido, podemos dar fe de las verdades dichas por los paisanos D. Justo M. Jaramillo y D. Juan B. Giraldo., en su Estudio Monográfico de la Ciudad:

“(…). Ninguna obra de progreso fue indiferente a su encendido amor por Marinilla; ninguna fiesta clásica pasó desapercibida a su permanente interés por conmemorarlas; siempre estuvo listo como guardián celoso para reclamar los derechos de Marinilla y salir airoso en su defensa (…)». Y añaden: “(…). Presidió la Sociedad de San Vicente de Paúl: recogía públicamente limosnas para calmar las hambres de los necesitados y construyó casitas para los pobres. Fue un ejemplo vivo de civismo; Marinilla no ha tenido un ciudadano que encame mayores cualidades cívicas. Hizo de su tierra el más grande de sus ideales y en beneficio de ella puso todo su entusiasmo, sus grandes iniciativas y su acción sostenida. (…):.

Hasta aquí, Giraldo y Jaramillo.

Todo mundo podía desearle muchos años y con razón, vista su robustez física. Sin embargo, no fue así. Cuando menos se pensaba, en medio del dolor de la región entera, que no podía convencerse de aquello, el Dios de la Caridad se lo llevó de la mano el 16 de julio de 1962.