LINO DE J. ACEBEDO ZULUAGA

1822 – 1897

Ilustre Profesor y guía del oriente

Acebedo Zuluaga Lino de J.

Por Francisco Acebedo Moreno:

Dijo uno de nuestros más ilustres hombres públicos D. Marco Fidel Suárez: “(…) Fue la vida del señor Acebedo colmada por las más ejemplares virtudes, por los más desinteresados servicios a la Patria y por una ilustración que bien pudo calificarse de sabiduría”.

Monseñor Manuel José Sierra, insigne Rector de la Universidad de Antioquia y de la Universidad Católica Bolivariana, escribió sobre él: “(…) Don Lino fue un hombre completo, un verdadero cristiano y en materia de educación, un artista célebre, que modeló almas y corazones. Al repasar la vida de este insigne institutor lo he sorprendido laborioso desde la infancia, inclinado sobre el libro, atento y diligente, llevando en la frente el destello del talento y la aureola de la virtud; lo he visto paciente en sobrellevar los males e incomodidades de la vida; fuerte en vencer las dificultades; constante en el trabajo, firme en las resoluciones, silencioso y humilde; en la oscuridad, glorioso, en el silencio, grande. El genio siempre brilla (…)”.

El retrato de D. Lino, hermosa litografía hecha en parís, tiene su historia: El Dr. Norberto Ossa, discípulo suyo, que abandonó la Patria en estado de suma pobreza, ayudado con unos pocos pesos que le dio D. Lino, llegó con el tiempo a ser, gracias a su trabajo y consagración, uno de los millonarios de Paris. Conservaba como una reliquia la chuspa que con esos pocos pesos le regaló D. Lino al dejar su tierra natal para irse a buscar fortuna en otros países. En sus últimos años en la Capital de Francia, ordenó hacer en litografía el retrato de D. Lino, con esta leyenda al pie: “Al ilustre Profesor Don Lino de Jesús Acebedo, su discípulo agradecido, Norberto Ossa”. Esta litografía aparece también en la Casa de la Convención de Rionegro.

Don Lino fu ilustre Rector del Colegio de San José, como continuador de la obra del Dr. Rafael María Giraldo. A su obra como institutor prestó los conocimientos adquiridos en el colegio Bogotano de San Bartolomé. Pocos meses antes de su muerte D. Lino escribió su autobiografía. “Nací (En el Carmen de Viboral, hijo de D. Francisco José y de doña Maria Josefa) el 23 de septiembre de 1822. A los 9 años entré en la Escuela. A los quince y once meses al Colegio. A los veinte años y tres meses comencé el Profesorado. A los sesenta y ocho años, cuatro meses, dejé de ejercerlo. La única interrupción durante cuarenta y ocho años fue de dos años, poco más o menos. (…). Guarne, Rionegro, Carmen, Marinilla y Santuario, fueron los lugres donde ejercí el Magisterio. Trabajaba diariamente catorce horas en el ejercicio de mi profesión, y cuatro y a veces más, en el estudio, lecturas, correspondencia y negocios particulares. (…). Cuando se fundó el Colegio de San José, mis padres habían llegado a una pobreza extrema. Nuestra habitación, un miserable tugurio, en el cual: mi cama una estera, mi cobija una jerga y mi almohada una camiseta molera. En el Colegio, el vestido con que me presentaba en los exámenes anuales era prestado en su totalidad, hasta el sombrero (…). Cuando en 1843 me opuse a la Escuela de Rionegro, me presenté a exámenes con vestido también prestado. El Dr. Rafael Ma. Giraldo me prestó el calzado. (…). A pesar de haber sido siempre mi trabajo mal remunerado, he podido mantener a mi familia con alguna comodidad y decencia y darle una pequeña educación. Gracias a Dios (…). He protegido en sus estudios a varios jóvenes, ya directa o indirectamente. A algunos con mi corta influencia. He dado a favor de la educación de la juventud una suma no despreciable (…). La ingratitud, la injuria, el insulto, la calumnia, la vil, la infame calumnia y despojo artero y hasta violento de mis propiedades, ha sido la recompensa del poco bien que he hecho. El odio no ha sido por venganza, porque yo a nadie he hecho mal, a nadie he aborrecido. Ha sido enteramente gratuito y por lo mismo más incalificable. (…). Cuando solicité el gobierno de mi Patria una recompensa de mis valiosos servicios, me fue negada, hasta con el insulto. (…). Fui diputado de la Cámara de la Provincia de Córdoba y de la Constituyente de Antioquia. No solicité ni acepté empleo público, ni aun de los relativos a mi profesión, como el de Vice-Rector de la Universidad de Antioquia, para el que fui nombrado por el Gobernador Dr. Mariano Ospina Rodríguez, ni el mismo empleo en el Colegio San Bartolomé de Bogotá. Tampoco acepté el empleo de Secretario de Gobierno, siendo Gobernador el Dr. Rafael Ma. Giraldo. Durante la administración de Dr. Pedro Justo Berrío.  Sólo acepté el de Visitador Fiscal de la Provincia de Oriente. (…). Todos saben que estos dos, los más notables Gobernantes que ha habido en el Estado de Antioquia, me honraron con su amistad y confianza”.

Cargado de virtudes y méritos, el día 14 de mayo de 1897 D. Lino se durmió repentinamente en la paz del Señor, en la ciudad de Marinilla, a la que amó con todo el poder de su gran corazón. Pocos momentos antes había comulgado en la iglesia parroquial, como solía hacerlo todos los días.