JUSTINIANO MONTOYA OCHOA

1832-1912

Forjador de Juventudes. Rector del colegio

Por: Guillermo Duque Gómez

Quién podría dudar del “envigadeñismo” del Dr. Justiniano Montoya, aunque nacido en Amagá el 30 de mayo de 1832, sabiendo que su madre fue doña María Antonia Ochoa, vástago nada menos que del celebérrimo don Lucas, en las terceras nupcias de éste, con doña María Jesús Escobar? Y de remate, que los progenitores de su padre, don Mariano, fueron don Ignacio y doña Mariana de la Calle, hija ésta última de don Francisco Miguel y doña Sebastiana Vélez?… Sería tanto como dudar del “”Marinillismo”” de la esposa del Dr. Justiniano, doña María de la Luz (nativa de San Vicente, dicen por ahí), retoño de D. Fermín Arbeláez Alzate y doña María Jesús Gómez González. Apellidos todos estos que hacen volver el recuerdo hacia cada una de las Urbes dichas, como si fuesen su natural fuente y origen…

A los dos años de su Curato en Marinilla, en agosto de 1838, el Padre Valerio Antonio Jiménez- más tarde primer Obispo de Medellín y Antioquia – tuvo la satisfacción de ver hecha realidad la obra que desde tiempo atrás venían planeando, bajo su auspicio y el de otros prohombres de la tierra, los hermanos Miguel y Rafael María Giraldo: el Colegio de San José.

En 1840 el “Supremo” Salvador Córdoba izó bandera de rebelión. Con algunos pueblos, la ciudad de Marinilla se proclamó “Ministerial”, vale decir del bando del Presidente Márquez. Sufrió entonces el instituto duro golpe y las personas que habían intervenido en la feliz culminación de la obra vieron con dolor cómo se iban cerrando las alas de sus puertas. Como quien dice, roto el vuelo cuando apenas estaban para florecer las esperanzas.

Mas la fe de los promotores no podía quedar fallida: el Colegio se reabrió en 1848 bajo la mano experta, dulce a la vez y enérgica, de Vicente Arbeláez- después de Arzobispo de Bogotá-, Doble nieto de Marinilla por sus padres Don Fermín y doña “Maruchita” Gómez y cuñado del Dr. Justiniano Montoya.

Salió el Padre Arbeláez de aquellas aulas en 1859, a gobernar como Vicario la Diócesis de Santa Marta, y en su reemplazo vino el famosos educador carmeño don Lino de J. Acevedo Zuluaga.

La desdicha contienda que se inició en Santander y el Cauca en 1860 y terminó en el 62, trajo al Estado antioqueño innúmeras calamidades, sin contar la derrota misma. Entonces volvió a cerrar sus puertas nuestro Colegio de San José.

Ya, y en virtud de los triunfos conservadores en Yarumal y en Cascajo, en 1864, y restableció el orden público en Antioquia, el 2 de enero del 65 pudo el Colegio abrir de nuevo sus fuentes de luz a Provincia toda. Para reemplazar a don Lino Acevedo Zuluaga, la junta puso ahora las riendas en manos del Dr. Justiniano Montoya.

Había hecho el Dr. Montoya estudios de medicina en la Capital de Colombia, y en la de Francia especialización en cirugía. Hombre sereno, de grandes luces y firmeza, fue uno de los comisionados por el Dr. Berrío para buscar el reconocimiento de su Gobierno por parte del Sr. Murillo Toro, meta que con diplomacia se logró a través de no pocas dificultades.

El Dr. Montoya dio una cosecha de varones íntegros, de doctos y de santos, que bien acreditaron la bondad de la elección que de él se hizo para que sirviese de árbol mayor en la nave de nuestro célebre Colegio. Durante ocho años, con algunas interrupciones cortas, mientras cumplía Faena en los Cuerpos Legislativos de Antioquia y de Colombia, desempeño en forma gratuita varías Cátedras, además de la Rectoría del Plantel. Por otro lado, desde 1866, sin sueldo alguno, fue profesor del Colegio Femenino de Santa Ana. Y cuando en el Concejo Municipal se propuso la fundación de un hospital, en 1867, se ofreció entre los primeros para dar atención, asimismo gratuita, a los enfermos de allí se tratasen, lo cual empezó a cumplir desde noviembre del 68, en un local construido en parte sobre propiedades que con magnífica generosidad había donado.

A raíz de algunos problemas económicos que tuvo el Colegio en 1871 al privársele de su renta mayor, el Pontazgo de Balseadero, sobre el Guatapé, Montoya afirmó un extraño compromiso de permanecer en la Rectoría por otros dos años. Cumplido el cual se alejó del Colegio, aunque no del todo de su amada Marinilla, a partir de 1873. En el 84, él y su colega José María Buendía procuraron aliviar al egregio Arzobispo Arbeláez, cuñado suyo, a quien Dios llamó a su gloria el 29 de junio de aquel año.

Una síntesis de su labor en Marinilla, está contenida en el hermoso documento que aprobó el Concejo en su sesión del 3 de enero de 1873, el que con la respuesta del Dr. Montoya puede leerse en la obra “Cantón de Marinilla”, del canónigo Ulpiano Ramírez Urrea, páginas 52 a 54.

En la señorial Envigado, cuna de su estirpe, falleció el Dr. Justiniano Montoya Ochoa el 21 de agosto de 1912.