JUAN NEPOMUCENO DUQUE GOMEZ

1805 – 1886
Mecenas generoso de la Cultura

Por: Guillermo Duque Gómez

Los datos disponibles acerca del Dr. Juan Nepomuceno, en mucho se deben a recuerdos de familia, sin duda turbios por añejos.

Nació en Marinilla el 10 de octubre de 1805 y el 13 lo bautizó el Pbro. Ramón Gómez.

Es de presumir que, como buena parte de sus paisanos y allegados, hizo estudios en Bogotá cuyo colegio del Rosario debió graduarlo en Derecho, igual que a su hermano Ramón, si bien la cosas no está clara.

Su familia, “de inmensa fortuna” según palabras del Dr. José Duque Gómez, primo suyo, descendía por lado y lado de D. Juan, uno de los fundadores de Marinilla en el siglo XVII.

Los hermanos Agustín y Manuel Duque de Estrada y Giraldo bisnietos del dicho D. Juan y en su orden de padres de los doctores Juan Nepomuceno y José, por su riqueza fueron llamados en toda comarca “Los magos de Oriente”. Sobrenombre que se vio digno, años después, al financia en compañía del Padre Jorge Ramón de Posada los uniformes, bastimentos, acémilas, armas, drogas, en fin cuanto era menester a los jóvenes que la Ciudad envió a lucha r por la independencia desde fines del año 13. Ayuda que continuó sin descanso hasta el día de nuestra completa liberación.

Por ello y por otras causas de orden político y de buen servicio, ambos Duque figuraban entre los próceres marinillos.

No de menos caudal fue doña Joaquina, esposa de D. Agustín. De modo que sus hijos pudieron escoger a sabor la ruta de sus preferencias. Ramón se dedicó a la práctica del Derecho. Algunos, al Comercio. Justiniano, a lo agrícola. Juan Nepomuceno, a la vida pública.

En 1834 se le ve figurar como candidato al congreso, en elecciones que ganó su primo José. Juan Nepomuceno asistió a la Cámara en el 48 y en el 50. El 30 de septiembre de 1853 alcanzó la Senaturía.

Ya por esta época dos de sus hermanos dedicados al Comercio, Mariano y Gonzalo, se hallaban entre los más fuertes de su actividad en Bogotá. Cumplido su período en el Congreso, da la impresión de que Juan Nepomuceno abandonó la política, pues no vuelve a sonar en ella, para dedicarse a los negocios con su familia. Buscando ensanche, con Mariano se fue a París. Gonzalo se quedó en Bogotá de Corresponsal. A poco, desde Francia surtían sus almacenes y los de sus amigos en Colombia.

Sin olvidad la patria lejana, enviaron de allá los ricos mantos y túnicas cuajadas de oro que, por más de un siglo, llevó nuestro inigualable Jesús Nazareno y hasta no hace mucho lucio la bellísima y antigua imagen de la Virgen Dolorosa. El reloj europeo que todavía hoy marca desde la torre los pasos marinillos, fue igualmente obsequio de Mariano y Nepomuceno. Debajo de la muestra del mismo, una placa lo acredita…

El Dr. Juan Nepomuceno es, por otro lado, inolvidable para el Colegio de San José. Cuando el padre Migue Giraldo Zuluaga empleó todo su esfuerzo en la creación del instituto, hallo en el Párroco Valerio Antonio Jiménez, en el patriarca D. Antonio Gómez Arbeláez y en el Dr. Duque Gómez los primeros decididos apoyos y mecenas de su idea. Como es obvio, no los únicos para obra de tal magnitud, pero sí los más abiertos en los preámbulos de la fundación.

Todavía en 1859, tal vez ya desde Francia, el Dr. Juan Nepomuceno seguía remitiendo al Colegio nuevos auxilios, en su nombre y en el de D. Mariano.

Con los años regresó a Bogotá, de donde pasó a mejor vida el 3 de marzo de 1886.

Nuestro Concejo Municipal dictó, el 5 de abril de 1886, Acuerdo que honra su memoria.