JOSE DUQUE GOMEZ

1809 – 1841
Rector de la universidad Nacional. Amigo personal de Santander

Por: Guillermo Duque Gómez

Este gran educador y hombre público, casi desconocido en Antioquia, fue hijo de Don Manuel Duque de Estrada y Giraldo y de doña Concepción Gómez Zuluaga. Recibió el bautismo en El Carme – territorio entonces de Marinilla -, en marzo de 1809.

Desde muy pequeño vivió en Bogotá, pero en el 16, con motivo de la Reconquista Española, su familia “de inmensa fortuna”, según él mismo, volvió a su viejo alero, hasta después del 19, cuando se radicó en la Capital de Colombia.

Todo indica, y por ello se le armó proceso, que anduvo en la conjuración de septiembre de 1828 contra el Libertador. Se le perdonó, dicen, por amistades en el juego de bolsa con su rica familia, que alegaron la disculpable ligereza de su juventud. Tenía 19 años.

Opacado el astro Santander a raíz de aquella fatal noche, le siguieron en el eclipse no pocos, entre los cuales Duque Gómez, quien se fue de Colombia entonces, pero no en calidad de proscrito, sino que por libre decisión: muy dado al estudio del Derecho, de la Enciclopedia, de las ideas utilitaristas en boga, pasó a refinar su saber en la vieja Europa de Bentham, de Comte, de los Mill. Ex-alumno del Rosario, más tarde adquirió la fama de gran orador en el parlamento, al que asistió desde 1834 en representación de Antioquia: “Lengua de Oro” le decían en Bogotá.

Al regreso triunfal del héroe cucuteño en 1832, volvió a brilla con luz de ambos Dr. José, su amigo de siempre.

En el gobierno de aquél, Duque Gómez concluyó sus andanzas por el mundo. Y el mismo Santander que vetó para la Dirección del Colegio del Rosario a nadie menos que a su ex-ministro de Finanzas Castillos y Rada, hizo poner en el cargo a Duque, en Diciembre del 35.

En el 38, Márquez lo nombró Gobernador de Mompós. El mismo Presidente lo llevó a la Rectoría de la Universidad Central a fines del 39.

Murió Santander en Mayo del 40. Duque – Todavía Rector de la Universidad – por la fama de su verbo y sus migas con el “Hombre de las Leyes” fue uno de los escogidos para llevar la voz del duelo en el entierro del prócer. El Dr. José confirmó en dicho acto la razón de su nombradía.

Desde que Márquez advino al poder en abril del 37, Duque impugnó el hecho por inconstitucional, pues había desempeñado la Vicepresidencia efectiva poco antes, de diciembre del 35 a enero del 36. No deja de ser extraño que Márquez lo nombrase, a pesar de todo, en Gobernaciones y Rectorías y que Duque a su vez las aceptara.

Se ahondó la pugna jurídico-política, motivo del alzamiento de los “Supremos” en el año 40: desde su cátedra, el Rector de la Universidad sostuvo que los enemigos de Márquez no eran “facciosos”, como los calificaba el Gobierno, sino “beligerantes”, a quienes de algún modo asistía el derecho. La sutil diferenciación de aquellos términos daba luz verde a los insurgentes, así alegara Duque Gómez el meollo simplemente académico de tales agudezas que D. Francisco Urdaneta, Gobernador Cundinamarqués y el Régimen todo, hallaron subversivas.

Con sus ideas, el reo fue a dar a la prisión y el 12 de noviembre al Despacho del Dr. Nicolás Quevedo, Juez a quien cayó en suerte no buena el dificilísimo pleito. Duque asumió en persona la defensa, pero nombró coadyuvante al Dr. Ezequiel Rojas, uno de los grandes legistas de la época.

Nada valió frente a los dichos juveniles y tal vez “amañados” de algunos contra su eximio maestro de ciencia Constitucional. Ni la lengua de oro del mismo, ni lo alegatos de Rojas el codefensor, ni el sentido de las proporciones, ni el sentido común: el 30 de noviembre de 1840 dio el juez la sentencia que a juristas y a filósofos pareció torpe iniquidad: destitución del Rectorado, pérdida de los derechos civiles y políticos y tres años de cárcel. A ella fue aquel hombre que aspiraba nada menos que a presidir la República…

El fin es casi de novela: mientras una noche oscura se venía sobre Bogotá, cierto al parecer empleado, de ruana y alpargates y que bien a la vista llevaba jeringas y útiles propios del departamento de sanidad carcelaria, como andando en lo suyo abandonó la prisión. Era el Dr. Duque, quien ganó con mucha calma la Calle de San Victorino; en compañía de dos jóvenes alumnos buscó puerto en Guataquí, bajó el Magdalena y fue a dejarlo todo en Santa Marta, donde moraba un prohombre de su raza: su tío el Coronel Juan Antonio Gómez, el mismo que por años llevó las riendas del Poder en esa ciudad y las tuvo luego en la Provincia de Medellín (cuando la tridivisión de Antioquia), en 1853.

Mal podía resistir el corazón de Duque Gómez el dolor de tantas ausencias. En marzo del 41, soltero, sin hijos, como Bolívar y Quijano el Bueno, en un atardecer sin esperanza murió también en pura melancolía…

El Concejo Municipal de Marinilla creó, por Acuerdo 17 de 1963, la Casa de la Cultura que ostenta hoy con orgullo el nombre de José Duque Gómez.