JESÚS ANTONIO HOYOS PINEDA

1881-1951
Diplomático, escritor, militar y fervoroso católico.

Por: Guillermo Duque Gómez

Nació en Marinilla el 4 de febrero de 1881, en el hogar de D. Jesús María y doña Mariana, sobrina ésta del coronel Anselmo Pineda Gómez y como él de beligerante patriotismo.

Estudió en la escuela pública y más tarde en el Colegio de San José, bajo la dirección de los Reverendos Hermanos Cristianos. Estaba en él cuando estalló la Guerra de los Mil Días. Como buen conservador, tomó las armas en defensa de la legitimidad.

Hizo la campaña de la Costa y con sus paisanos el Coronel Ramón García y el Capitán Leonidas Gómez Duque la de Panamá, con el grado de Sargento Mayor del Batallón Jiménez, del cual ‘’fue alma’’, según su comandante, el también marinillo General Jesús María Gómez Duque. Poco faltó para que, por fiebres malignas, como muchos otros dejase allí la vida.

Al terminar la guerra el 21 de noviembre de 1902, volvió al estudio y la Universidad de Antioquia le confirió a poco el Bachillerato de Filosofía y Letras.

De 1905 a 1906 dirigió la Escuela Urbana de Rionegro. En 1907 fue vicerrector de su Colegio de San José de Marinilla, bajo la dirección de D. Lino Acebedo Gómez.

En 1909 viajó a estudiar en Bogotá, donde optó al título en Derecho y Ciencias Políticas, grado que le otorgó la Universidad Nacional el 17 de febrero de 1912.

Viajó a Francia, por haber ganado en concurso el puesto de Canciller de la Legación Colombiana en París. En esta ciudad se graduó en Ciencias Económicas y Sociales, en Junio de 1916. Allí mismo fue doctorado en Ciencias Políticas por un trabajo en lengua Francesa cuyo título en castellano equivale a ‘’Colombia y los Estados Unidos de América’’.

Su amor por Francia era inmenso y rebosante. Le vi salir lágrimas, años más tarde, cuando hablaba de dicha Nación o repetía el cálido fraseo de ‘’la Marsellesa’’. Con razón el Gobierno Francés lo condecoró con la Legión de Honor en 1932.

Después de siete años en Europa, regresó a Colombia. Por breve tiempo, dicen, desempeñó la Rectoría de la Universidad de Antioquia. Como Director General de Educación Pública estuvo desde 1919 hasta 1921. Se le vio, además, como Rector del Instituto Bellas Artes.

Fue miembro de la Academia Antioqueña de Historia desde noviembre de 1919, y de la Colombiana de Jurisprudencia desde 1923. El Gobierno Nacional le otorgó asimismo la Cruz de Boyacá.

Recuerda el Dr. Alfonso García Isaza que Hoyos Pineda, notable escritor de temas de historia y ameno conferencista, fundó periódicos de carácter cívico y literario como ‘’El Estímulo’’, ‘’Futuro’’, ‘’La Mañana’’. También puso las bases, en su patria chica, del recordado ‘’salón de Lectura y Recreo’’ y se dedicó a enseñar, gratuitamente, lengua y Cultura Francesas en el Colegio de San José y en el femenino de la Inmaculada.

Perteneció a la Cámara de Representantes, de 1926 al 28. En agosto de 1930 fue Secretario del Ministerio de Gobierno, siendo titular de este Despacho el Dr. Carlos E. Restrepo y Presidente de la Nación el Dr. Enrique Olaya Herrera.

Anota el Dr. Jorge Ospina Londoño que, después de haber ocupado altísimos cargos, su amor por la enseñanza lo llevo a aceptar la Dirección del Colegio de Rionegro. Y que no obstante ser liberal homogéneo este pueblo, fue capaz de llevarlo a la presidencia del Consejo Municipal, sabiéndolo del otro partido, lo que da idea de la estimación que el Dr. Hoyos le profesaban los rionegreros por sus múltiples virtudes y talentos.

No tuvo descanso en su noble trasegar de maestro. Precisamente, la última vez que tuve ocasión de verlo acababa de posesionarse de la Rectoría del ‘’Ateneo Colombia’’, Escuela Militar que fundo en Medellín aquel egregio poeta (y como tal soberbiamente iluso) que se llamó Roberto Muñoz Londoño. Eran los ocasos en 1940 y también los del Colegio que había sido mío. A un año de muerto el fundador, acudieron al Dr. Hoyos para que salvase el plantel. Al despedirnos, me dijo sin melancolía: ‘’Estimado Guillermo, bien comprendo que voy a ser el enterrador de este cadáver: pero no podía negarme a los requerimientos de una tal dama como doña Carola, esposa sin par del insigne Muñoz Londoño’’.

Cumplió con el Ateneo sus últimos deberes de albacea. Y se marchó a buscar otra tierra buena junto a los riscos que inspiraron a Epifanio, de donde no volvió por sus pasos a la Ciudad de Marinilla que lo ha tenido y tiene como uno de sus mejores hijos.

Dejo la vida en Yarumal, donde desempeñaba el cargo de Registrador de Instrumentos Públicos y Privados, el día 29 de diciembre de 1951.