GENERAL JOSE MARIA CORDOBA MUÑOZ

1799 – 1829 Héroe de Ayacucho. Jefe de muchos patriotas Marinillos.

Córdoba Muñoz José María

Por: Berta Gómez Giraldo

Llamado por todos el Genio de la Guerra, el Iluminado, el Libertador de Antioquia, el militar antioqueño de mayor categoría en la guerra de la independencia, fue el General de División y el Ministro de Guerra y Marina más joven que haya registrado la historia política de Colombia.

Hijo de Crisanto de Córdoba y Pascuala Muñoz Castrillón. Nació el 8 de septiembre de 1799 en Concepción (Antioquia). Allí vivió la familia Córdoba Muñoz hasta 1802, año en el cual se radicó en San Vicente hasta 1809, cuando pasó a Rionegro. Concepción pertenecía civilmente al Municipio de Rionegro y sólo pasó a ser cabecera Municipal en 1814.

En buena parte de la historia de la independencia de Antioquia es también la historia de la hidalga y heroica ciudad de Marinilla. El General José María Córdoba fue nuestro amigo y aliado en la gesta libertadora.  Nos ayudó y le ayudamos. El nos entregó su valor, su estrategia, su pericia militar, su excelente organización y don de mando. El Cantón de Marinilla le entregó en cambio su tesoro más preciado, sus jóvenes valientes llenos de arrojo y entusiasmo, dispuestos a derramar su sangre por la libertad. Recibió de esta ciudad el valor y la inventiva de sus gentes y el aporte económico, generoso y permanente, que dejaron exhaustas las arcas de Marinilla, cubierta de gloria pero empobrecida y desolada por la ausencia de sus jóvenes y mayores.

Los continuos contactos de los jefes políticos y religiosos de este Cantón con el Héroe de Ayacucho, conformaron la amistad que entre Córdoba y el cura Prócer Jorge Ramón de Posada existió por largos años, traduciéndose en una permanente comunicación epistolar llena de confidencias, de admiración y de afecto. Esta amistad se vio reforzada cuando en 1819 Bolivar eligió a José María Córdoba para liderar a Antioquia. Venía éste de luchar en la sangrienta batalla de El Palo; de los Llanos Orientales al lado de Serviez, Santander, Páez y luego con Bolivar en Gámeza, Pantano de Vargas y Boyacá. Era Gobernador de Antioquia el Coronel Carlos Tolrá, quien había dictado providencias severas contra el “Insurgente, traidor y rebelde Cantón de Marinilla.”
Bajo estas circunstancias llegó el General Córdoba a la ciudad desde Nare, el 28 de agosto de 1819, cuando – gracias a la organización de postas y a las estratagemas de los marinillos-, se había hecho huir al Jefe realista Mauricio Villalobos, quedando Marinilla en poder de los patriotas y lista para ayudar al prócer que llegaba con 63 soldados enfermos y hambrientos pero dispuestos a combatir por la Libertad. El Dr. Posada y sus coadjutores Francisco Javier y Ramón Gómez prestaron a Córdoba los auxilios que demandaba. De los 300 jóvenes que tenía preparados, Córdoba escogió 125 y con ellos marchó en persecución de Villalobos y Tolrá. Llegó a Barbosa, pero no logró alcanzarlos. El 12 de enero de 1820 se midió con Warleta en Chorros Blancos, donde obtuvo una resonante victoria sobre las tropas de Fernando VII. Una de las columnas atacantes estaba formada por valientes marinillos. Al Dr. Posada escribía Córdoba designando a nuestros paisanos como “Libertadores de Antioquia”. En alguna de sus misivas le dijo: “créame usted que Marinilla es el pueblo que mejores servicios ha prestado a la República y que a su lado yo moriré primero que retirarme del Cobarde español”. Y “Es verdad que toda Marinilla es entusiasta por la libertad, es pueblo de un valor singular y por el cual en todo caso yo haré los mayores sacrificios”.

El 22 de octubre de 1820, Córdoba informó a Santander sobre el heroísmo de doña Simona Duque, mujer marinilla que le entregó sus hijos, “sin reclamar contraprestación alguna”.

Desafortunadamente los últimos sucesos en la vida del General Córdoba rompieron esa amistad. Este quiso que su amigo íntimo el Dr. Posada – quien con otros nobles hijos de esta tierra le ayudó, además, de su afecto, con dinero, con caballos, con monturas, pólvora, fusiles, alimentos, vestidos, etc. -, patrocinara la revolución que dirigía contra el Libertador. El sacerdote y el Héroe tuvieron una larga conversación al respecto en la ciudad de Marinilla y al finalizarla, sin haber logrado cambiar la idea de Córdoba, Posada le dijo: “Ahijado, no solamente no le ayudo en su empresa, ni aún con mis oraciones, sino que desde hoy mismo voy a trabajar con toda mi influencia y con todas mis fuerzas para contrariar sus propósitos y pediré a Dios que lo vuelva al camino del deber y que la Patria ve a su hijo predilecto defendiendo al Padre de la Patria que es su libertador”. Luego decía el General Córdoba al Dr. Posada: “Si sabe que perdí, repiquen las campanas de su iglesia; pero si triunfo, que doblen”.

La negativa de Marinilla, con su Cura a la cabeza, molestó profundamente al General.
Fue entonces cuando envió la misiva que transcribimos: “A los Señores Cura de Marinilla y Coadjutor; Celedonio Trujillo, Ramón Gómez y Andrés Alzate. Ustedes han hecho armas contra mí y me están haciendo la guerra; veremos quien la sabe hacer mejor, si ustedes o yo. Si esta noche, a las 5 de la mañana del día 14 no se me presentan ustedes, a las 6 de la mañana le pego fuego a la ciudad de Marinilla. Dios guarde a la República y los enemigos sean aniquilados. José María Córdoba”.

La Batalla de El Santuario tuvo lugar el 17 de octubre de 1829, dando el triunfo al General Daniel F. O.’Leary. Córdoba recibió heridas de gravedad durante el combate, Después de este, cuando descansaba en un granero, recibió la muerte a manos del inglés Ruperto Hand, Coronel Comandante de Caballería.

Quiso la vida que el cadáver del gran hombre fuera trasladado a Marinilla. Nos dicen las historias que fue traído por algunos campesinos hasta un zaguán de esta población y que luego el Sr. Pedro Ruiz lo llevó a su casa, situada a media cuadra de la plaza principal, donde lo veló y guardó hasta el día siguiente, cuando el Dr. Jorge Ramón de Posada lo condujo a la iglesia para rendir homenaje al amigo de mucho tiempo.

Sus restos fueron puestos en el Cementerio de Marinilla, de donde casi tres años después los retiraron algunos parientes y amigos para llevarlos al de Rionegro, la ciudad que tanto amó y a la cual entregó la corona que le obsequiara el Libertador.

La ley 27 de Junio de 1870, ordenó la erección de un monumento donde reposan finalmente.