ELEUTERIO SERNA RAMIREZ

1886 – 1959

Magistrado de la H. Corte Suprema de justicia. Orador Elocuente

Por: Julián Serna Arango

Nació en la ilustre ciudad de Marinilla el 13 de octubre de 1886. Hijo de don José María Serna y doña Eloísa Ramírez, personas ambas particularmente estimadas en la sociedad de Marinilla.

Hizo sus estudios primarios en el Colegio de San José de Marinilla, en donde también iniciaría sus estudios secundarios, los cuales concluyó en el colegio de Nuestra Señora del Rosario, en la ciudad de Bogotá. Allí también cursó hasta el último grado sus estudios de filosofía y letras. Obtuvo luego el título de doctor en derecho y ciencias políticas, expedido por la Universidad Nacional de Bogotá.

Síntesis de múltiples cualidades intelectuales, que rara vez se dan juntas en una sola persona, el doctor Eleuterio Serna contribuyó decididamente al desarrollo socio-cultural del país, desde su triple condición de orador y parlamentario insigne, jurista ejemplar y cultor de la palabra.

Lejos estuvo de concebir la actividad política como resultado del cálculo personalista, sino como servicio a la comunidad. Difícilmente hubiera podido ser de otra manera, dada su vocación humanista, y la tradición de su estirpe, en donde el civismo constituye aventajado estandarte. Eleuterio Serna más de una vez declinaría el ofrecimiento de altas dignidades. Nombrado Ministro de Educación, primero; de Minas, después, en ambas ocasiones no aceptó. Su lugar estuvo de preferencia en los cargos de representación popular, en los que su elocuencia brilló con luz propia en un período de la historia política del país, cuando los debates ideológicos alcanzaban con frecuencia las más altas cimas de la inteligencia y la cultura. La rigurosidad del jurista, la profundidad del humanista, dotaron la palabra del político de gran energía y capacidad de seducción, como todavía lo recuerdan unánimes quienes tuvieron la oportunidad de escucharle, cuando, inclusive, se le conoció con el distintivo de “Pico de oro». Diputado a la Asamblea de Caldas, Representante a la Cámara, en Varios períodos, Senador de la República, hizo también parte de las más altas dignidades colegiadas de su partido, el Conservatismo. En 1952, su nombre estuvo entre la baraja de candidatos a primer designado. Sus “afinidades electivas» dentro del partido Conservador estuvieron del lado de Gilberto Alzate Avendaño, el caudillo de la inteligencia y el coraje. Con Laureano Gómez, en cambio, habría de enfrentarse en el Congreso, en memorables gestas.

Al comienzo de su fecunda carrera política ocupó el cargo de Secretario de Gobierno de Antioquia, y además de Gobernador encargado. No obstante su trayectoria en la política, su devoción por la justicia y la ley pronto habrían de señalarle nuevos derroteros. Juez de Circuito en Armenia, ejercería luego su profesión de abogado en Pereira, en compañía de su hermano Eduardo, quien por varios períodos fue Diputado a la Asamblea de Caldas y luego Senador de la República. Magistrado de la Corte Suprema de Justicia, en varios períodos; y en compañía de también ilustres juristas, en los años de 1935 a 1940, hizo parte de aquella Corte que el vulgo justicieramente le ha dado el calificativo de “Admirable”. Fue miembro de la comisión asesora de relaciones exteriores, como suplente del doctor Alfonso López Pumarejo, en 1934; de la comisión preparatoria de la Asamblea Constituyente, en 1952, y de la Academia Colombiana de Jurisprudencia.

Consagrado al estudio de la historia y la filosofía, la literatura y la jurisprudencia, hablaba y traducía el griego, el latín y el francés. Aunaba una severa y sólida formación clásica, con una generosa sensibilidad social y humanística. Así lo demuestran sus numerosos artículos publicados en importantes revistas y periódicos del país y de circulación nacional. Entre sus más cercanas amistades se cuentan varias de las más eminentes figuras de la intelectualidad colombiana del presente siglo, como los poetas León de Greiff y Guillermo Valencia, y los políticos Marco Fidel Suárez y Gilberto Alzate Avendaño.

Fue profesor y Vice-rector del Colegio San José de Marinilla. En la Universidad de Antioquia regentó la Cátedra de Pruebas Judiciales; en la Republicana las de Historia, Derecho Romano y Derecho Civil; en la Javeriana, la de Derecho Constitucional.

Retirado ya de la vida pública y cuando había decidido escribir una obra sobre Derecho Constitucional, Eleuterio Serna muere en la ciudad de Bogotá, el 10 de abril de 1959. Ocho meses atrás había fallecido su esposa, doña Matilde Vélez Robledo, oriunda de la ciudad de Pereira. Le sobrevive su hijo Iván, quien ha ocupado altas posiciones en Bogotá y Pereira.

Con motivo del primer centenario de su nacimiento, el Congreso de la República publicó un tomo con sus “obras selectas», en la colección “pensadores políticos colombianos». Marinilla, su ciudad natal, también celebraría la efemérides. Es cuando el Centro Patriótico de esa ciudad coloca una placa de mármol en la que fuera su casa paterna, que dice así en apretada, pero también afortunada síntesis:

“Aquí nació y vivió el doctor Eleuterio Serna Ramírez. Sabio cultor del derecho público. Magistrado ejemplar de la Corte Suprema, orador y parlamentario insigne, político honesto, maestro de juventudes, cuyos talentos y virtudes acendró en el más noble humanismo. 1886 – 1986″